Magia y Espiritualidad

El Mensaje en mi Botella

Esta es la historia de un océano, un océano infinito poblado por millones y millones de botellas. Todas las botellas están llenas de agua salada, el mismo elemento acuoso en el que están sumergidas. También existe una gran cantidad de criaturas diversas que comparten el océano con las botellas. Los llamaremos oceánicos. Los oceánicos tienen multitud de colores, tamaños y formas, pero todos tienen una cosa en común que también comparten con las botellas: todos están llenos de agua. Sin embargo, las botellas son bastante diferentes a las otras criaturas, e incluso piensan que son mucho mejores que el resto, ya que poseen la facultad de la cognición. Eso significa que saben, o al menos creen que saben, qué son y qué está sucediendo a su alrededor. Los oceánicos, por otro lado, están programados para ejecutar ciertos patrones de comportamiento sin ninguna posibilidad de cambiarlos o incluso ser conscientes de ellos. Viven su existencia haciendo cosas de una manera completamente inconsciente. Sus programas simplemente los preparan para cumplir dos facetas principales: sobrevivir y reproducirse, cada uno de acuerdo con sus características únicas. Por lo tanto, podemos decir que los oceánicos solo tienen un nivel muy básico de cognición. Sin embargo, también es importante señalar que algunas botellas pueden ser muy conscientes de su existencia, mientras que el nivel de cognición de otras es tan solo ligeramente superior al de los oceánicos.

Todas las criaturas en el océano infinito, tanto los oceánicos como las botellas, están rellenos de agua, pero ninguno de ellos es consciente de ello. Bueno, esto no es cierto del todo. Hay una vieja historia que afirma que las botellas están llenas de algo llamado agua, que es en realidad su verdadera esencia. Muchas botellas no lo creen y las que se lo creen no pueden probarlo porque no son conscientes de eso llamado agua. Ahora, antes de que comencemos a juzgar a las criaturas del océano, tened en cuenta que todas ellas nacieron y siempre han vivido en el océano, por lo que, para ellas, el agua no es algo que puedan percibir, ya que siempre ha estado allí. Podemos saber qué es el aire solo porque también podemos percibir el agua y la tierra, de lo contrario nunca seríamos capaces de identificar algo llamado aire. Por lo tanto, a pesar de su cognición, las botellas son incapaces de comprender que viven en el agua y que también están llenas de agua.

Las botellas creen que están hechas principalmente de vidrio, plástico, cartón, hierro, plata, etc., y que tienen corchos y etiquetas, y otros elementos que las diferencian entre sí. Les gusta reunirse en grupos de acuerdo con sus formas, colores, material del que están hechas y compararse con otros grupos para ver quién es más inteligente, hermoso o poderoso. Esto, a menudo conduce a terribles discusiones que terminan en peleas donde las botellas chocan entre sí causándose mellas y agujeros. Si se trata de un pequeño golpe o agujerito, todavía se pueden reparar, pero si la botella se rompe por la mitad o en pedazos, se precipita al fondo del océano, donde se descompone y, con el tiempo, acaba convirtiéndose en el océano. Y ahí termina su existencia.

Las botellas que creen que están llenas de agua, también creen que una botella rota deja de funcionar cuando toda el agua de su interior, su esencia, ha salido del recipiente, aunque no puedan probarlo porque están rodeadas de agua. Además, también creen que cuando algunas botellas se rompen, su contenido líquido viaja de alguna manera a otro océano gobernado por una criatura acuática muy poderosa, donde viven felices para siempre. A esta criatura tan poderosa se la conoce con el nombre del Aguador y también se cree que es el único ser que existía en el origen de los tiempos. Dicen que desde su ser, el Aguador creó no solo todas las botellas sino también el océano infinito y todas las demás criaturas oceánicas.

Ahora, para viajar a la morada del Aguador, debes haber sido una buena botella durante tu existencia en el océano infinito. Eso significa que debes ser bueno con todas las criaturas del océano, tanto botellas como oceánicos, y llevar una buena vida de botella. Si no has seguido una buena vida de botella, en el momento final de tu existencia, tu contenido liquido se sumirá en las profundidades del océano, un lugar muy oscuro que ninguna botella se ha atrevido nunca a explorar. Y allí se pudrirá hasta el final de los tiempos.

Un día, durante una congregación de miles de botellas, una botella pequeña y curiosa preguntó a las botellas mayores:

– “El Aguador era lo único que existía en el principio, ¿verdad?”

– “Sí, pequeña, así fue”, respondió una botella mayor con una sonrisa condescendiente

– “Entonces, el Aguador es infinito”, continuó la pequeña con los ojos brillantes

– “Así es, pequeña”

– “Pero, si el Aguador es infinito, ¿cómo podemos pasar nuestra eternidad CON él? ¿No significa eso que tendríamos que estar separados de él para poder estar con él? Y, si ese fuera el caso, ¿cómo podría el Aguador ser infinito?

Las botellas viejas soltaron una carcajada estruendosa después de que la pequeña botella terminó su pregunta. Una de ellas finalmente la despidió diciendo:

– “Eres muy graciosa, pequeña. Hay cosas que aún no puedes entender “.

El océano infinito surgió de las entrañas del Aguador. Fue creado a partir del Aguador ya que al principio solo existía el Aguador. Por lo tanto, podríamos afirmar que el Aguador es el contenedor y el océano infinito su contenido. Del mismo modo, dado que fuimos creados a su imagen, se supone que debemos estar llenos de nuestros “océanos infinitos” personales, lo que significa que todo lo que hay dentro de nosotros es lo mismo que el océano infinito que nos rodea. Así, si es cierto que estamos llenos de agua, entonces también debemos estar rodeados de agua. Y cuando nos agrietamos y nuestro contenido acuoso se esparce, ese contenido se funde con el océano infinito en el que estamos inmersos, convirtiéndonos nuevamente en el contenido del Aguador.

Sin embargo, un ser infinito NO puede tener límites. No puede haber límites en el Aguador. El Aguador no puede ser un recipiente, sino, más bien, el océano infinito. Y también nosotros somos nuestros océanos infinitos internos y personales, que no son más que una fracción del océano infinito original. Sin embargo, estamos encerrados en una botella. Y eso es lo que causa toda la confusión: solo podemos percibir la botella y por eso nos identificamos plenamente con nuestra cobertura. Pero las botellas tienen conciencia y si te atreves a sacudir una botella y prestas mucha atención, sentirás que su contenido se mueve, suavemente al principio, luego con más y más fuerza. Algunas leyendas incluso dicen que, si sigues sacudiendo la botella, el contenido un día estallará de puro éxtasis y la botella se convertirá en agua, agua encerrada en un recipiente ficticio que todos seguirán viendo menos tú.

Las barreras se caerán. El hechizo se romperá. Nuestra agua se fusionará con el océano infinito. Y el Aguador continuará llenando botellas con agua del océano infinito.

The Game of Life

My Sage in a Bottle

This is the story of an ocean, an infinite ocean populated by millions upon millions of bottles. All these bottles are filled with salty water, the same aqueous element where they are submerged. There is also a plethora of different creatures that share the ocean with the ubiquitous bottles. We will call them oceaners. Oceaners come in a multitude of colors, sizes, and shapes but they all share one common thing that is also shared by the bottles: They are all filled with water. However, the bottles are quite different to the other creatures, and they even think they are much better than the rest since they have the faculty of cognition. That means they kind of know, or at least they think they know, what they are and what is happening around them. Oceaners, on the other hand, are programmed to execute certain patterns of behavior without any chance to change them or even think about them. They spend their existence doing things in a complete unconscious way. Their programs simply prepare them to fulfill two major principles: survive and reproduce, each one according to its unique characteristics. So, we can say that oceaners only have a very basic level of cognition. However, it is also important to point out that some bottles can be very aware of their existence while others’ level of cognition is only slightly above that of oceaners.

All creatures in the infinite ocean, both oceaners and bottles, are filled with water but none of them is aware of it. Well, that may not be exactly true. There is an old story that affirms that bottles are filled with something called water. Many bottles don’t believe it and the ones that believe it cannot prove it because they cannot feel this water. Now, before you start judging ocean creatures, bear in mind that they were all born and have always lived in the ocean so, for them, water is not something they can be aware of since it has always been there. You can tell what air is only because you can also perceive water and earth, otherwise you would never be able to tell that there is something called air. So, despite their cognition, bottles are incapable of understanding that they live in water and that they are also filled with water.

Bottles believe that they are mainly made of glass, plastic, carton, iron, silver, etc, and then that they have corks and labels and so on. They like to gather in groups according to their shapes, color, of material they are made of and to compare themselves with other groups to see who is more intelligent, beautiful or powerful. This oftentimes leads to terrible arguments that end up in fights where bottles clank against each other causing bumps and holes. If it is a small bump or hole, it can still be mended but if the bottle breaks up in half or gets smashed into pieces, it drops to the bottom of the ocean, where it decomposes and becomes the ocean over time.

The bottles that believe they are filled with water, also believe that a broken bottle stops functioning when all the water inside has left the container, even though they cannot prove it because they are surrounded by water. Moreover, they also believe that some bottles, when they are smashed, their liquid content somehow travels to this other ocean ruled by a very powerful water creature, where they live happily ever after. This very powerful creature is called the Water Bearer and it is also believed to be the only thing that existed in the very beginning. From its insides, the Water Bearer created not only all bottles but also the infinite ocean and all other ocean creatures.

Now, in order to travel to the abode of the Water Bearer, you need to have been a good bottle during your existence in the infinite ocean. That means, you have to be good to all ocean creatures, both bottles and oceaners, and carry a good bottle life. If you haven’t followed a good bottle life, then, upon your demise, your water will sink to the bottom of the ocean, a very dark place that no bottle has ever dared to explore. And you will putrefy there forever more.

One day, during a congregation of thousands of bottles, one little, curious bottle asked the elder bottles:

  • “The Water Bearer was all that existed in the very beginning, was it?’
  • “Yes, little one, that is how it was”, responded one elder bottle with a condescending smile
  • “Then, the Water Bearer was infinite”, continued the little one with a triumphant smile
  • “That is correct, little one”
  • “So, if the Water Bearer is infinite, how can we spend our eternity WITH it? Wouldn’t that mean that we would be separate from it? And, if that was the case, how could something which is infinite exist along with anything else?”

There was roaring laughter among the elder bottles after the little bottle finished her question. One of them finally dismissed her by saying:

  • “You are very funny, little one. There are things that you can’t understand yet”.

The infinite ocean came from inside the Water Bearer. It was created from the Water Bearer since in the beginning only the Water Bearer existed. So, the Water Bearer is the container and the infinite ocean its content. Likewise, since we were created to its image, we are supposed to be filled with our personal “infinite oceans”, which means that whatever is inside of us is the same as the infinite ocean. So, if it is true that we are filled with water, then we must also be surrounded by water. And when we crack and cease to exist, our water merges in with the infinite ocean where we are immersed thus becoming the content of the Water Bearer again.

There can be no limits in an infinite being. Therefore, there can be no limits in the Water Bearer. Water Bearer is not a recipient, it IS the infinite ocean. And we are also our inner, personal infinite oceans, which are nothing but a fraction of the original infinite ocean. However, we are encased in a bottle. And that is what causes all the confusion: we can only perceive the bottle and thus fully identify with it. But bottles have consciousness and if you dare to shake a bottle and pay close attention, you will feel its contents moving, softly at first, then forcefully. Legends even say that if you keep shaking the bottle, the contents will one day burst out in ecstasy and the bottle will become water, water encased in a fictitious recipient that all will continue to see but you.

Barriers will be shattered. The spell will be broken. Our water will merge into the infinite ocean. And the Water Bearer will continue to fill bottles with water from the infinite ocean.

Photo by JR Korpa on Unsplash
Magia y Espiritualidad

Volver a disfrutar de la intuicion

Un día, al que no llamaremos un día aciago pues todo día tiene su dosis de luz y oscuridad, la sagrada composición de la sabiduría humana, formada por razón e intuición, fue quebrantada. En la creación original, a la intuición, expresión pura de nuestra esencia y conexión directa a la fuente de toda la sabiduría universal, le fue asignada un 90% de nuestro poder de discernimiento mientras que a la razón, que se ocupa de nuestra supervivencia diaria, le fue concedido un 10% de peso en la toma de decisiones. Aunque la distribución parezca injusta, tengamos en cuenta que la intuición, por su conexión íntima a la fuente de la sabiduría, es capaz de encontrar soluciones y tomar decisiones absolutamente certeras siempre y cuando mantenga sus canales limpios de las perturbaciones del ego. Por otro lado, la razón es tan solo un manual de reglas y procedimientos para la supervivencia en el planeta, un manual que va creciendo con la experiencia de vida.

Durante ese día, al que no consideraremos como aciago, el ser humano invirtió los porcentajes y otorgó a la razón el 90% de su capacidad de discernimiento y relegó a la intuición a un plano meramente anecdótico. La memoria de un humano, exigua reserva de conocimiento equivalente a un grano de arena en la playa infinita que es el universo, pasó a ser la fuente en la cual confiamos poder encontrar las soluciones a nuestras vicisitudes universales. El pensamiento, antes mero mensajero puntual de reglas para la supervivencia, se convirtió en experto de todas las facetas de la vida bombardeándonos incesantemente con todo tipo de deseos, ideas egóicas, miedos y falacias. Y la emoción, expresión física del pensamiento, inició su reino de terror sobre la mente, volviéndola reactiva y carente de empatía y claridad. Por el contrario, los sentimientos, que una vez actuaran como consejeros fiables en los temas diarios, y la premonición, la aliada certera de los momentos difíciles, fueron desterrados del reino de la mente y tachados de farsantes y embaucadores.

El mundo de los humanos se transformó. La vida pasó a ser un campo de maniobras donde las enajenaciones del ego se impusieron abrumadoramente sobre las necesidades del corazón. Perdimos frescura, creatividad, flexibilidad, empatía, compasión, capacidad de sufrimiento, y control de los deseos. Nos fuimos transformando en seres reactivos, egoístas, aburridos, inflexibles, y autoritarios.

La naturaleza, hasta entonces venerada y respetada como madre protectora del humano, pasó a ser una fuente vulgar de explotación de recursos materiales necesarios para satisfacer los deseos del nuevo orden mental. Pasamos de ser parte integrante de la naturaleza a ser un explotador despiadado sin ningún tipo de conexión con la misma.

Y pasaron los años, y los siglos, y hasta algunos milenios. Y aquí estamos hoy, en un día al que no consideraremos como aciago, al borde de un supuesto cataclismo sanitario y económico. Aquí estamos, preguntándonos cómo salimos de lo que parece un callejón sin salida, buscando culpables por doquier, y dejando una vez más que los pensamientos cargados de miedo y las emociones salidas de tono nos nublen la mente y la verdadera lectura de la realidad.

No, no es ni mucho menos un día aciago, ni este ni ninguno en la historia de la creación. Este es un día de esperanza, una oportunidad para volver a darle la bienvenida a la intuición como reina de la sabiduría. De que dejemos de lado miedos, culpas y dudas, deseos que nunca nos satisfacen plenamente, objetivos que cobran su efímera carga de felicidad en salud y aislamiento emocional. Es una invitación a volver a escuchar a los sentimientos, de aceptar con alegría las misteriosas revelaciones de la intuición. De pasar más tiempo en la naturaleza y menos tiempo en la irrealidad virtual. De ver todas las mentiras que se han inventado para fomentar la separación en este grupo compacto que se llama humanidad. De renegar de todas las murallas que se crean cada día para supuestamente protegernos unos de los otros. De entender que el sufrimiento de uno es a la postre el sufrimiento de todos. De ser más justos, igualitarios, honestos, y solidarios.  De centrarnos en una VERDADERA transformación interior y olvidarnos por un rato de las tribulaciones eternas del mundo exterior.

Una gran oportunidad sin duda a través de un espectacular giro del destino: un virus que no distingue nacionalidades, razas, creencias, estatus social o económico. Una invitación a la solidaridad no sólo con nuestros vecinos sino con todos los habitantes del planeta. El trabajo que nos toca realizar es personal e interno, nada tiene que ver con juicios o críticas al sistema, nuestros vecinos o nuestros gobernantes. Podemos comenzar por estas simples pero profundas acciones:

  • Aceptar cualquier situación, por desagradable que sea, antes de buscarle una solución
  • No juzgar a nadie, esa no es nuestra labor en este mundo
  • No criticar, más bien tratar de entender que la ignorancia y el miedo son causa de muchas decisiones desafortunadas
  • Entender que toda situación puede verse desde el miedo o desde el corazón
  • Evitar la compañía de personas que vibran en frecuencias bajas
  • No tomar ninguna decisión desde el miedo
The Game of Life

Don’t seek happiness, seek Truth

It is useless to seek happiness. Happiness is not a goal by itself and that is why it can never be reached if we place it as our ultimate life purpose or wish. Happiness is a side effect of flowing with life, that is, living life according to our original plan.

And how do we find out about this mysterious original plan, provided that it does exist at all? Surely it doesn’t come attached to our birth certificate! To answer this question satisfactorily, probably you will need a little leap of faith, for the plan seems to be forgotten just before we are incarnated and so it is pretty much impossible to prove it factually. Or you can carefully observe life and its manifold daily messages and start tying up loose ends. Moreover, you can honestly watch yourself to see what parts of your life resonate with your essence (a sure source of happiness) and which parts do not resonate with you but you still abide by (a certain source of misery). If you try this, I am sure you will soon arrive to some stunning conclusions about the existence of some kind of preconceived plan.

The plan is as simple as following your Truth. Therefore, the path is unique for each one of us for it is a path that leads to ourselves, to noticing what is being manifested through a human body: emotions, feelings, thoughts, desires, and drives, and then beyond the human body, that is, our essence. When you learn how to manage all these “expressions”, you realize they have nothing to do with you, they are just passing guests and not the real you, the original one that never changes (that is basically what essence means).

Unfortunately, more often than not, we allow desires, emotions, etc., to run our lives and end up doing things that have little in common with our real nature or, in a figurative sense, walking along paths that are not our path. That is why the material will not give us enduring happiness since it is sourced out of a fleeting desire that will be finished before you even notice.

The key to all this is mindful, objective self-observation and endless discrimination.

“I am miserable. Why am I miserable? Because I feel lonely. Why do I feel lonely? Because I need somebody to share my life with. Why do you need somebody? Because I have accepted the belief that being with somebody will make me happy”.

Is this your Truth? Do you really think that you are going to find happiness just by sharing your life with another being? Or is it just a nice fairy tale you have created out of thin air or some romantic movie?

I am not trying to convince anybody here. I am just suggesting that you ask questions, honest questions and see where they take you instead of plunging into despair or bottling up your emotions and continuing as if nothing has happened.

If you let life lead the course, you will be living according to your inner Truth; and happiness will be your companion.

LIFE HAPPENS…HAPPEN WITH LIFE!

Magia y Espiritualidad

El vagabundo y el ermitaño: el poder de la no-accion

“No acción”: Un concepto lleno de poder, sentido y magia que por alguna razón desconocemos y, en muchos casos, aborrecemos.

En el taoísmo, este concepto que nos puede sonar a chino, se denomina Wu Wei y representa uno de los pilares fundamentales de esta filosofía ancestral. El Wu Wei no es como algunos podríamos pensar el estar tumbado todo el día durmiendo, viviendo una vida sin sentido ni propósito. Al contrario, es una sabia opción de cómo vivir la vida de forma plena y saludable.

Para poder entender esta filosofía, debemos comenzar investigando la diferencia entre el vagabundo de ciudad que se pasa el día ocioso intentando olvidar su realidad por medio de algún tipo de escape (lo que llamamos adicción) y el ermitaño que vive sus días en contemplación sentado en una cueva o en un monasterio con absoluta consciencia de todo lo que ocurre, no solo en el exterior sino también en su interior.

El vagabundo vive en un estado de letargo mental incapaz de entender su vida, de controlar su situación, y sin determinación para salir de ella. Vive en una especie de pesadilla constante que ha confundido con la realidad y en la que es incapaz de ver salida alguna. Esta incapacidad para abrir los ojos y ver la verdad es en realidad la que ha creado y continúa soportando esa jaula mental en la cual se haya encerrado. Los que pasamos a su lado y lo vemos en esa condición, no logramos entender cómo puede vivir de esa forma, es más, nos parece tan fácil poder abrir esa jaula ficticia y conseguir un trabajo, alquilar una casa, comprar ropa nueva, y comer todos los días sin necesidad de mendigar.

Por el contrario, el ermitaño tiene absoluta consciencia de quién es, absoluto control de su situación, y absoluta capacidad y determinación para cambiar el rumbo de su vida si así lo desease. El ermitaño practica el Wu Wei, no hace, pero es consciente de  que no hace. En realidad, no es que no actúe, sino que solo actúa cuando precisa hacerlo, y este pequeño enfoque es lo que constituye la gran diferencia y grandeza de esta forma de vivir. El ermitaño no malgasta energía, se ha vuelto un maestro en la conservación de la misma, no pelea batallas imaginarias, le basta con las batallas en las que la vida le invita a participar, no vive de la ilusión de alcanzar objetivos en el futuro sino de saborear los momentos que le brinda el presente.

El vagabundo y el ermitaño se equilibran, como todo en la dualidad del universo. Podríamos pensar que si no hubiera vagabundos tampoco existirían los ermitaños y viceversa. La idea es que, en la vida, en el cosmos, todo ser continuamente busca, consciente o inconscientemente, mantener ese estado de equilibrio que es el que al final confiere la armonía y eso que, en el caso de los humanos, podríamos llamar felicidad.

Entre estos dos personajes, vivimos el resto de los humanos. En verdad, la mayoría vivimos más en la frecuencia del vagabundo que en la del ermitaño. A muchos esta comparación puede parecernos extravagante y totalmente fuera de lugar pues nuestra vida es una vida llena de acción, donde trabajamos durante la mayor parte del día, nos ejercitamos, viajamos, y buscamos constantemente formas de diversión y entretenimiento de la mente. Ni un minuto para la inacción. Si tengo cinco minutos para no hacer, en seguida la mente salta en busca de acción bajo lemas que nunca nos hemos detenido a analizar como “me aburro”, “tengo que ser productivo”, o “qué hago aquí sentado sin hacer nada”. El vagabundo vive en la pesadilla del no entender por qué se pasa el día sin hacer nada y nosotros en la pesadilla del no entender por qué nos pasamos la vida haciendo y haciendo sin preguntarnos si todo ese trajín tiene algún sentido.

Todo busca equilibrio en el universo, incluso el ser humano, si nos permitimos conectar con esa frecuencia que late en nuestro interior. Para ello, es necesario apagar las máquinas y no hacer nada. En el no hacer, comenzamos a “ver” hacia dentro, a sentir qué somos, y a ser más inteligentes en cómo usamos nuestra energía, y, por ende, cómo cuidamos nuestra salud. La acción continuada destruye cualquier máquina mucho antes de su fecha de caducidad. La máquina humana no es diferente.

Un retiro es una forma de permitirnos observar cuán lejos estamos de ese equilibrio que, en realidad, es nuestro destino natural. Un retiro, ya sea en casa o en una cabaña en Groenlandia, no es una batalla por la supervivencia de la rutina que llevábamos, por buscar y buscar y buscar qué voy a hacer con el tiempo, por evitar el tenebroso fantasma del aburrimiento, sino en desenchufar un poco el computador mental, el deseo incontrolado de información, de sugestión, de estímulo constante. Es permitirnos observar cómo esa permanente vorágine de acción a la que nos habíamos esclavizado nos estaba robando horas de sueño, descontrolando las comidas, alimentando la ansiedad, en definitiva, reventando nuestra salud y calidad de vida. Es permitirnos observar cómo ya no salimos a la naturaleza, cómo hemos perdido la empatía con otros seres, cómo nos hemos acostumbrado a emitir juicios y echar culpas sin ni siquiera echar un vistazo a lo que pasa en nuestro interior ¿Quién le presta hoy la debida atención, quién le da el valor que se merece a un paseo por un bosque, o al canto de un pájaro, o al sonido del agua de un arroyo, o al sabor de la fruta fresca? Se han vuelto experiencias caducas, recuerdos añejos que somos incapaces de volver a saborear en toda su divinidad pues la mente está demasiado ocupada buscando “nuevas” experiencias.

En un retiro, no buscamos la forma de matar el tiempo, sino que nos volvemos aliados de él, porque no se trata de ver qué hago sino de ver qué está pasando, tanto fuera como dentro de mí. En un retiro, dejamos que emerjan emociones de nuestro interior que nos pueden ayudar a resolver situaciones de nuestra vida, y, con un poco de coraje, observamos por qué reaccionamos con furia, dolor, rabia, o soberbia ante otras situaciones (sin echarle la culpa a otros).

Desde mi retiro, puedo permitirme vivir un tiempo de reflexión, de calma, de comprensión, pudiendo observar mis propios miedos, angustias y demás emociones que empañan la pureza de quién soy y trabajar en ellas para poder emerger de ese retiro como un ser más completo, bondadoso y feliz. Recordemos que todo lo que pasa en mi interior no deja de ser un reflejo de lo que pasa a mi alrededor y que, desde mi retiro, la forma de contribuir a las circunstancias del exterior pasa por el trabajo dentro de mí. Es lo único que puedo y debo hacer. Una vez afuera, ya estaremos expuestos a otras circunstancias que nos marcarán el camino a seguir en cada momento. De forma que no deberíamos tomarnos un retiro como un tiempo de confinamiento carcelario en el que a todas horas tengo que inventarme algo para sentirme vivo. Somos seres humanos que, al contrario que un animal, tenemos la capacidad de vivir las situaciones desde diversos puntos de vista. Un retiro nos muestra la verdadera esencia de la vida y de cada uno de nosotros, si solo nos dejamos llevar y, en vez de continuar entreteniendo a la mente, empezamos a escuchar lo que está latiendo en nuestro interior.