Magia y Espiritualidad

Soluciones

Nos hemos vuelto adictos a las soluciones, andamos desesperados por encontrar soluciones, vivimos una vida que continuamente busca soluciones a algún problema muy importante que solo nos preocupa a nosotros.

Las soluciones se conjuran como respuesta a los problemas. Pero, ¿qué es en realidad un problema? ¿Están tu vecino, tus clientes, tu jefe, el tiempo, la vida, o el universo tratando de amargarte la vida o es solo un tema de aceptación? Aceptar no significa subyugarse a un estado de sumisión sino simplemente aceptar un hecho o serie de circunstancias que están teniendo lugar. Nada más que eso. En realidad, esos hechos ni siquiera tienen mucho que ver contigo a no ser que decidas experimentarlos como si fueras el blanco de todos los problemas del planeta.

La aceptación está íntimamente ligada a tu Verdad, a quien eres en realidad. Si te identificas con el cuerpo, entonces vas a vivir amargado; si te identificas con la mente, vas a vivir amargado; si te identificas con el alma, vas a vivir amargado. Pero si observas con paciencia y atención, veras que no eres ninguno de ellos; y es entonces, y solo entonces, cuando podrás comenzar a marcar una línea de separación entre los problemas y TU. Y te aseguro que entonces ya no vas a estar tan desesperado buscando soluciones a todo lo que te pasa.

La solución a cualquier problema es inherente al problema mismo. Ósea que la solución llegará incluso si no hacemos nada al respecto (aunque a veces eso puede demorarse bastante). Así que, la próxima vez que tengas un problema, en vez de tratar de encontrar una solución rápida, observa la situación tranquilamente durante un tiempo. Notaras que comenzará a florecer poco a poco hasta que finalmente se abrirá y te mostrará el mensaje de cuál debe ser tu próximo movimiento.

¿Por qué sucede esto? Sencillamente porque la vida es un juego eterno de momentos que se suceden a ritmo vertiginoso, y que como cualquier otro aspecto del universo, nacen, se desarrollan y desaparecen (o se reciclan para ser más exactos). Si podemos esperar un poco, podremos apreciarlos en su plenitud y anticipar su ocaso. Ni que decir tiene, que la paciencia es tu gran aliada y muy a menudo la llave maestra que obviamos en estas situaciones.

Somos nosotros mismos los que creamos todos los problemas cuando nos dejamos arrastrar por nuestras emociones y deseos. Si observamos un hecho desde la atalaya del silencio, podremos ver que no es un problema sino simplemente una situación. Y que en el momento que empezamos a pensar, sentir, querer, o desear, se convierte de nuevo en un problema. Intentémoslo de nuevo: si te identificas con tus emociones o deseos, te vas a amargar la vida. Si observas pacientemente, te darás cuenta que no eres ninguno de ellos.

Pero entonces, ¿quién eres? Solo tú tienes la respuesta. Supongo que es un buen momento para empezar a observar….