Magia y Espiritualidad

El Mensaje en mi Botella

Esta es la historia de un océano, un océano infinito poblado por millones y millones de botellas. Todas las botellas están llenas de agua salada, el mismo elemento acuoso en el que están sumergidas. También existe una gran cantidad de criaturas diversas que comparten el océano con las botellas. Los llamaremos oceánicos. Los oceánicos tienen multitud de colores, tamaños y formas, pero todos tienen una cosa en común que también comparten con las botellas: todos están llenos de agua. Sin embargo, las botellas son bastante diferentes a las otras criaturas, e incluso piensan que son mucho mejores que el resto, ya que poseen la facultad de la cognición. Eso significa que saben, o al menos creen que saben, qué son y qué está sucediendo a su alrededor. Los oceánicos, por otro lado, están programados para ejecutar ciertos patrones de comportamiento sin ninguna posibilidad de cambiarlos o incluso ser conscientes de ellos. Viven su existencia haciendo cosas de una manera completamente inconsciente. Sus programas simplemente los preparan para cumplir dos facetas principales: sobrevivir y reproducirse, cada uno de acuerdo con sus características únicas. Por lo tanto, podemos decir que los oceánicos solo tienen un nivel muy básico de cognición. Sin embargo, también es importante señalar que algunas botellas pueden ser muy conscientes de su existencia, mientras que el nivel de cognición de otras es tan solo ligeramente superior al de los oceánicos.

Todas las criaturas en el océano infinito, tanto los oceánicos como las botellas, están rellenos de agua, pero ninguno de ellos es consciente de ello. Bueno, esto no es cierto del todo. Hay una vieja historia que afirma que las botellas están llenas de algo llamado agua, que es en realidad su verdadera esencia. Muchas botellas no lo creen y las que se lo creen no pueden probarlo porque no son conscientes de eso llamado agua. Ahora, antes de que comencemos a juzgar a las criaturas del océano, tened en cuenta que todas ellas nacieron y siempre han vivido en el océano, por lo que, para ellas, el agua no es algo que puedan percibir, ya que siempre ha estado allí. Podemos saber qué es el aire solo porque también podemos percibir el agua y la tierra, de lo contrario nunca seríamos capaces de identificar algo llamado aire. Por lo tanto, a pesar de su cognición, las botellas son incapaces de comprender que viven en el agua y que también están llenas de agua.

Las botellas creen que están hechas principalmente de vidrio, plástico, cartón, hierro, plata, etc., y que tienen corchos y etiquetas, y otros elementos que las diferencian entre sí. Les gusta reunirse en grupos de acuerdo con sus formas, colores, material del que están hechas y compararse con otros grupos para ver quién es más inteligente, hermoso o poderoso. Esto, a menudo conduce a terribles discusiones que terminan en peleas donde las botellas chocan entre sí causándose mellas y agujeros. Si se trata de un pequeño golpe o agujerito, todavía se pueden reparar, pero si la botella se rompe por la mitad o en pedazos, se precipita al fondo del océano, donde se descompone y, con el tiempo, acaba convirtiéndose en el océano. Y ahí termina su existencia.

Las botellas que creen que están llenas de agua, también creen que una botella rota deja de funcionar cuando toda el agua de su interior, su esencia, ha salido del recipiente, aunque no puedan probarlo porque están rodeadas de agua. Además, también creen que cuando algunas botellas se rompen, su contenido líquido viaja de alguna manera a otro océano gobernado por una criatura acuática muy poderosa, donde viven felices para siempre. A esta criatura tan poderosa se la conoce con el nombre del Aguador y también se cree que es el único ser que existía en el origen de los tiempos. Dicen que desde su ser, el Aguador creó no solo todas las botellas sino también el océano infinito y todas las demás criaturas oceánicas.

Ahora, para viajar a la morada del Aguador, debes haber sido una buena botella durante tu existencia en el océano infinito. Eso significa que debes ser bueno con todas las criaturas del océano, tanto botellas como oceánicos, y llevar una buena vida de botella. Si no has seguido una buena vida de botella, en el momento final de tu existencia, tu contenido liquido se sumirá en las profundidades del océano, un lugar muy oscuro que ninguna botella se ha atrevido nunca a explorar. Y allí se pudrirá hasta el final de los tiempos.

Un día, durante una congregación de miles de botellas, una botella pequeña y curiosa preguntó a las botellas mayores:

– “El Aguador era lo único que existía en el principio, ¿verdad?”

– “Sí, pequeña, así fue”, respondió una botella mayor con una sonrisa condescendiente

– “Entonces, el Aguador es infinito”, continuó la pequeña con los ojos brillantes

– “Así es, pequeña”

– “Pero, si el Aguador es infinito, ¿cómo podemos pasar nuestra eternidad CON él? ¿No significa eso que tendríamos que estar separados de él para poder estar con él? Y, si ese fuera el caso, ¿cómo podría el Aguador ser infinito?

Las botellas viejas soltaron una carcajada estruendosa después de que la pequeña botella terminó su pregunta. Una de ellas finalmente la despidió diciendo:

– “Eres muy graciosa, pequeña. Hay cosas que aún no puedes entender “.

El océano infinito surgió de las entrañas del Aguador. Fue creado a partir del Aguador ya que al principio solo existía el Aguador. Por lo tanto, podríamos afirmar que el Aguador es el contenedor y el océano infinito su contenido. Del mismo modo, dado que fuimos creados a su imagen, se supone que debemos estar llenos de nuestros “océanos infinitos” personales, lo que significa que todo lo que hay dentro de nosotros es lo mismo que el océano infinito que nos rodea. Así, si es cierto que estamos llenos de agua, entonces también debemos estar rodeados de agua. Y cuando nos agrietamos y nuestro contenido acuoso se esparce, ese contenido se funde con el océano infinito en el que estamos inmersos, convirtiéndonos nuevamente en el contenido del Aguador.

Sin embargo, un ser infinito NO puede tener límites. No puede haber límites en el Aguador. El Aguador no puede ser un recipiente, sino, más bien, el océano infinito. Y también nosotros somos nuestros océanos infinitos internos y personales, que no son más que una fracción del océano infinito original. Sin embargo, estamos encerrados en una botella. Y eso es lo que causa toda la confusión: solo podemos percibir la botella y por eso nos identificamos plenamente con nuestra cobertura. Pero las botellas tienen conciencia y si te atreves a sacudir una botella y prestas mucha atención, sentirás que su contenido se mueve, suavemente al principio, luego con más y más fuerza. Algunas leyendas incluso dicen que, si sigues sacudiendo la botella, el contenido un día estallará de puro éxtasis y la botella se convertirá en agua, agua encerrada en un recipiente ficticio que todos seguirán viendo menos tú.

Las barreras se caerán. El hechizo se romperá. Nuestra agua se fusionará con el océano infinito. Y el Aguador continuará llenando botellas con agua del océano infinito.