Magia y Espiritualidad

El Mensaje en mi Botella

Esta es la historia de un océano, un océano infinito poblado por millones y millones de botellas. Todas las botellas están llenas de agua salada, el mismo elemento acuoso en el que están sumergidas. También existe una gran cantidad de criaturas diversas que comparten el océano con las botellas. Los llamaremos oceánicos. Los oceánicos tienen multitud de colores, tamaños y formas, pero todos tienen una cosa en común que también comparten con las botellas: todos están llenos de agua. Sin embargo, las botellas son bastante diferentes a las otras criaturas, e incluso piensan que son mucho mejores que el resto, ya que poseen la facultad de la cognición. Eso significa que saben, o al menos creen que saben, qué son y qué está sucediendo a su alrededor. Los oceánicos, por otro lado, están programados para ejecutar ciertos patrones de comportamiento sin ninguna posibilidad de cambiarlos o incluso ser conscientes de ellos. Viven su existencia haciendo cosas de una manera completamente inconsciente. Sus programas simplemente los preparan para cumplir dos facetas principales: sobrevivir y reproducirse, cada uno de acuerdo con sus características únicas. Por lo tanto, podemos decir que los oceánicos solo tienen un nivel muy básico de cognición. Sin embargo, también es importante señalar que algunas botellas pueden ser muy conscientes de su existencia, mientras que el nivel de cognición de otras es tan solo ligeramente superior al de los oceánicos.

Todas las criaturas en el océano infinito, tanto los oceánicos como las botellas, están rellenos de agua, pero ninguno de ellos es consciente de ello. Bueno, esto no es cierto del todo. Hay una vieja historia que afirma que las botellas están llenas de algo llamado agua, que es en realidad su verdadera esencia. Muchas botellas no lo creen y las que se lo creen no pueden probarlo porque no son conscientes de eso llamado agua. Ahora, antes de que comencemos a juzgar a las criaturas del océano, tened en cuenta que todas ellas nacieron y siempre han vivido en el océano, por lo que, para ellas, el agua no es algo que puedan percibir, ya que siempre ha estado allí. Podemos saber qué es el aire solo porque también podemos percibir el agua y la tierra, de lo contrario nunca seríamos capaces de identificar algo llamado aire. Por lo tanto, a pesar de su cognición, las botellas son incapaces de comprender que viven en el agua y que también están llenas de agua.

Las botellas creen que están hechas principalmente de vidrio, plástico, cartón, hierro, plata, etc., y que tienen corchos y etiquetas, y otros elementos que las diferencian entre sí. Les gusta reunirse en grupos de acuerdo con sus formas, colores, material del que están hechas y compararse con otros grupos para ver quién es más inteligente, hermoso o poderoso. Esto, a menudo conduce a terribles discusiones que terminan en peleas donde las botellas chocan entre sí causándose mellas y agujeros. Si se trata de un pequeño golpe o agujerito, todavía se pueden reparar, pero si la botella se rompe por la mitad o en pedazos, se precipita al fondo del océano, donde se descompone y, con el tiempo, acaba convirtiéndose en el océano. Y ahí termina su existencia.

Las botellas que creen que están llenas de agua, también creen que una botella rota deja de funcionar cuando toda el agua de su interior, su esencia, ha salido del recipiente, aunque no puedan probarlo porque están rodeadas de agua. Además, también creen que cuando algunas botellas se rompen, su contenido líquido viaja de alguna manera a otro océano gobernado por una criatura acuática muy poderosa, donde viven felices para siempre. A esta criatura tan poderosa se la conoce con el nombre del Aguador y también se cree que es el único ser que existía en el origen de los tiempos. Dicen que desde su ser, el Aguador creó no solo todas las botellas sino también el océano infinito y todas las demás criaturas oceánicas.

Ahora, para viajar a la morada del Aguador, debes haber sido una buena botella durante tu existencia en el océano infinito. Eso significa que debes ser bueno con todas las criaturas del océano, tanto botellas como oceánicos, y llevar una buena vida de botella. Si no has seguido una buena vida de botella, en el momento final de tu existencia, tu contenido liquido se sumirá en las profundidades del océano, un lugar muy oscuro que ninguna botella se ha atrevido nunca a explorar. Y allí se pudrirá hasta el final de los tiempos.

Un día, durante una congregación de miles de botellas, una botella pequeña y curiosa preguntó a las botellas mayores:

– “El Aguador era lo único que existía en el principio, ¿verdad?”

– “Sí, pequeña, así fue”, respondió una botella mayor con una sonrisa condescendiente

– “Entonces, el Aguador es infinito”, continuó la pequeña con los ojos brillantes

– “Así es, pequeña”

– “Pero, si el Aguador es infinito, ¿cómo podemos pasar nuestra eternidad CON él? ¿No significa eso que tendríamos que estar separados de él para poder estar con él? Y, si ese fuera el caso, ¿cómo podría el Aguador ser infinito?

Las botellas viejas soltaron una carcajada estruendosa después de que la pequeña botella terminó su pregunta. Una de ellas finalmente la despidió diciendo:

– “Eres muy graciosa, pequeña. Hay cosas que aún no puedes entender “.

El océano infinito surgió de las entrañas del Aguador. Fue creado a partir del Aguador ya que al principio solo existía el Aguador. Por lo tanto, podríamos afirmar que el Aguador es el contenedor y el océano infinito su contenido. Del mismo modo, dado que fuimos creados a su imagen, se supone que debemos estar llenos de nuestros “océanos infinitos” personales, lo que significa que todo lo que hay dentro de nosotros es lo mismo que el océano infinito que nos rodea. Así, si es cierto que estamos llenos de agua, entonces también debemos estar rodeados de agua. Y cuando nos agrietamos y nuestro contenido acuoso se esparce, ese contenido se funde con el océano infinito en el que estamos inmersos, convirtiéndonos nuevamente en el contenido del Aguador.

Sin embargo, un ser infinito NO puede tener límites. No puede haber límites en el Aguador. El Aguador no puede ser un recipiente, sino, más bien, el océano infinito. Y también nosotros somos nuestros océanos infinitos internos y personales, que no son más que una fracción del océano infinito original. Sin embargo, estamos encerrados en una botella. Y eso es lo que causa toda la confusión: solo podemos percibir la botella y por eso nos identificamos plenamente con nuestra cobertura. Pero las botellas tienen conciencia y si te atreves a sacudir una botella y prestas mucha atención, sentirás que su contenido se mueve, suavemente al principio, luego con más y más fuerza. Algunas leyendas incluso dicen que, si sigues sacudiendo la botella, el contenido un día estallará de puro éxtasis y la botella se convertirá en agua, agua encerrada en un recipiente ficticio que todos seguirán viendo menos tú.

Las barreras se caerán. El hechizo se romperá. Nuestra agua se fusionará con el océano infinito. Y el Aguador continuará llenando botellas con agua del océano infinito.

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Volver a disfrutar de la intuicion

Un día, al que no llamaremos un día aciago pues todo día tiene su dosis de luz y oscuridad, la sagrada composición de la sabiduría humana, formada por razón e intuición, fue quebrantada. En la creación original, a la intuición, expresión pura de nuestra esencia y conexión directa a la fuente de toda la sabiduría universal, le fue asignada un 90% de nuestro poder de discernimiento mientras que a la razón, que se ocupa de nuestra supervivencia diaria, le fue concedido un 10% de peso en la toma de decisiones. Aunque la distribución parezca injusta, tengamos en cuenta que la intuición, por su conexión íntima a la fuente de la sabiduría, es capaz de encontrar soluciones y tomar decisiones absolutamente certeras siempre y cuando mantenga sus canales limpios de las perturbaciones del ego. Por otro lado, la razón es tan solo un manual de reglas y procedimientos para la supervivencia en el planeta, un manual que va creciendo con la experiencia de vida.

Durante ese día, al que no consideraremos como aciago, el ser humano invirtió los porcentajes y otorgó a la razón el 90% de su capacidad de discernimiento y relegó a la intuición a un plano meramente anecdótico. La memoria de un humano, exigua reserva de conocimiento equivalente a un grano de arena en la playa infinita que es el universo, pasó a ser la fuente en la cual confiamos poder encontrar las soluciones a nuestras vicisitudes universales. El pensamiento, antes mero mensajero puntual de reglas para la supervivencia, se convirtió en experto de todas las facetas de la vida bombardeándonos incesantemente con todo tipo de deseos, ideas egóicas, miedos y falacias. Y la emoción, expresión física del pensamiento, inició su reino de terror sobre la mente, volviéndola reactiva y carente de empatía y claridad. Por el contrario, los sentimientos, que una vez actuaran como consejeros fiables en los temas diarios, y la premonición, la aliada certera de los momentos difíciles, fueron desterrados del reino de la mente y tachados de farsantes y embaucadores.

El mundo de los humanos se transformó. La vida pasó a ser un campo de maniobras donde las enajenaciones del ego se impusieron abrumadoramente sobre las necesidades del corazón. Perdimos frescura, creatividad, flexibilidad, empatía, compasión, capacidad de sufrimiento, y control de los deseos. Nos fuimos transformando en seres reactivos, egoístas, aburridos, inflexibles, y autoritarios.

La naturaleza, hasta entonces venerada y respetada como madre protectora del humano, pasó a ser una fuente vulgar de explotación de recursos materiales necesarios para satisfacer los deseos del nuevo orden mental. Pasamos de ser parte integrante de la naturaleza a ser un explotador despiadado sin ningún tipo de conexión con la misma.

Y pasaron los años, y los siglos, y hasta algunos milenios. Y aquí estamos hoy, en un día al que no consideraremos como aciago, al borde de un supuesto cataclismo sanitario y económico. Aquí estamos, preguntándonos cómo salimos de lo que parece un callejón sin salida, buscando culpables por doquier, y dejando una vez más que los pensamientos cargados de miedo y las emociones salidas de tono nos nublen la mente y la verdadera lectura de la realidad.

No, no es ni mucho menos un día aciago, ni este ni ninguno en la historia de la creación. Este es un día de esperanza, una oportunidad para volver a darle la bienvenida a la intuición como reina de la sabiduría. De que dejemos de lado miedos, culpas y dudas, deseos que nunca nos satisfacen plenamente, objetivos que cobran su efímera carga de felicidad en salud y aislamiento emocional. Es una invitación a volver a escuchar a los sentimientos, de aceptar con alegría las misteriosas revelaciones de la intuición. De pasar más tiempo en la naturaleza y menos tiempo en la irrealidad virtual. De ver todas las mentiras que se han inventado para fomentar la separación en este grupo compacto que se llama humanidad. De renegar de todas las murallas que se crean cada día para supuestamente protegernos unos de los otros. De entender que el sufrimiento de uno es a la postre el sufrimiento de todos. De ser más justos, igualitarios, honestos, y solidarios.  De centrarnos en una VERDADERA transformación interior y olvidarnos por un rato de las tribulaciones eternas del mundo exterior.

Una gran oportunidad sin duda a través de un espectacular giro del destino: un virus que no distingue nacionalidades, razas, creencias, estatus social o económico. Una invitación a la solidaridad no sólo con nuestros vecinos sino con todos los habitantes del planeta. El trabajo que nos toca realizar es personal e interno, nada tiene que ver con juicios o críticas al sistema, nuestros vecinos o nuestros gobernantes. Podemos comenzar por estas simples pero profundas acciones:

  • Aceptar cualquier situación, por desagradable que sea, antes de buscarle una solución
  • No juzgar a nadie, esa no es nuestra labor en este mundo
  • No criticar, más bien tratar de entender que la ignorancia y el miedo son causa de muchas decisiones desafortunadas
  • Entender que toda situación puede verse desde el miedo o desde el corazón
  • Evitar la compañía de personas que vibran en frecuencias bajas
  • No tomar ninguna decisión desde el miedo
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El vagabundo y el ermitaño: el poder de la no-accion

“No acción”: Un concepto lleno de poder, sentido y magia que por alguna razón desconocemos y, en muchos casos, aborrecemos.

En el taoísmo, este concepto que nos puede sonar a chino, se denomina Wu Wei y representa uno de los pilares fundamentales de esta filosofía ancestral. El Wu Wei no es como algunos podríamos pensar el estar tumbado todo el día durmiendo, viviendo una vida sin sentido ni propósito. Al contrario, es una sabia opción de cómo vivir la vida de forma plena y saludable.

Para poder entender esta filosofía, debemos comenzar investigando la diferencia entre el vagabundo de ciudad que se pasa el día ocioso intentando olvidar su realidad por medio de algún tipo de escape (lo que llamamos adicción) y el ermitaño que vive sus días en contemplación sentado en una cueva o en un monasterio con absoluta consciencia de todo lo que ocurre, no solo en el exterior sino también en su interior.

El vagabundo vive en un estado de letargo mental incapaz de entender su vida, de controlar su situación, y sin determinación para salir de ella. Vive en una especie de pesadilla constante que ha confundido con la realidad y en la que es incapaz de ver salida alguna. Esta incapacidad para abrir los ojos y ver la verdad es en realidad la que ha creado y continúa soportando esa jaula mental en la cual se haya encerrado. Los que pasamos a su lado y lo vemos en esa condición, no logramos entender cómo puede vivir de esa forma, es más, nos parece tan fácil poder abrir esa jaula ficticia y conseguir un trabajo, alquilar una casa, comprar ropa nueva, y comer todos los días sin necesidad de mendigar.

Por el contrario, el ermitaño tiene absoluta consciencia de quién es, absoluto control de su situación, y absoluta capacidad y determinación para cambiar el rumbo de su vida si así lo desease. El ermitaño practica el Wu Wei, no hace, pero es consciente de  que no hace. En realidad, no es que no actúe, sino que solo actúa cuando precisa hacerlo, y este pequeño enfoque es lo que constituye la gran diferencia y grandeza de esta forma de vivir. El ermitaño no malgasta energía, se ha vuelto un maestro en la conservación de la misma, no pelea batallas imaginarias, le basta con las batallas en las que la vida le invita a participar, no vive de la ilusión de alcanzar objetivos en el futuro sino de saborear los momentos que le brinda el presente.

El vagabundo y el ermitaño se equilibran, como todo en la dualidad del universo. Podríamos pensar que si no hubiera vagabundos tampoco existirían los ermitaños y viceversa. La idea es que, en la vida, en el cosmos, todo ser continuamente busca, consciente o inconscientemente, mantener ese estado de equilibrio que es el que al final confiere la armonía y eso que, en el caso de los humanos, podríamos llamar felicidad.

Entre estos dos personajes, vivimos el resto de los humanos. En verdad, la mayoría vivimos más en la frecuencia del vagabundo que en la del ermitaño. A muchos esta comparación puede parecernos extravagante y totalmente fuera de lugar pues nuestra vida es una vida llena de acción, donde trabajamos durante la mayor parte del día, nos ejercitamos, viajamos, y buscamos constantemente formas de diversión y entretenimiento de la mente. Ni un minuto para la inacción. Si tengo cinco minutos para no hacer, en seguida la mente salta en busca de acción bajo lemas que nunca nos hemos detenido a analizar como “me aburro”, “tengo que ser productivo”, o “qué hago aquí sentado sin hacer nada”. El vagabundo vive en la pesadilla del no entender por qué se pasa el día sin hacer nada y nosotros en la pesadilla del no entender por qué nos pasamos la vida haciendo y haciendo sin preguntarnos si todo ese trajín tiene algún sentido.

Todo busca equilibrio en el universo, incluso el ser humano, si nos permitimos conectar con esa frecuencia que late en nuestro interior. Para ello, es necesario apagar las máquinas y no hacer nada. En el no hacer, comenzamos a “ver” hacia dentro, a sentir qué somos, y a ser más inteligentes en cómo usamos nuestra energía, y, por ende, cómo cuidamos nuestra salud. La acción continuada destruye cualquier máquina mucho antes de su fecha de caducidad. La máquina humana no es diferente.

Un retiro es una forma de permitirnos observar cuán lejos estamos de ese equilibrio que, en realidad, es nuestro destino natural. Un retiro, ya sea en casa o en una cabaña en Groenlandia, no es una batalla por la supervivencia de la rutina que llevábamos, por buscar y buscar y buscar qué voy a hacer con el tiempo, por evitar el tenebroso fantasma del aburrimiento, sino en desenchufar un poco el computador mental, el deseo incontrolado de información, de sugestión, de estímulo constante. Es permitirnos observar cómo esa permanente vorágine de acción a la que nos habíamos esclavizado nos estaba robando horas de sueño, descontrolando las comidas, alimentando la ansiedad, en definitiva, reventando nuestra salud y calidad de vida. Es permitirnos observar cómo ya no salimos a la naturaleza, cómo hemos perdido la empatía con otros seres, cómo nos hemos acostumbrado a emitir juicios y echar culpas sin ni siquiera echar un vistazo a lo que pasa en nuestro interior ¿Quién le presta hoy la debida atención, quién le da el valor que se merece a un paseo por un bosque, o al canto de un pájaro, o al sonido del agua de un arroyo, o al sabor de la fruta fresca? Se han vuelto experiencias caducas, recuerdos añejos que somos incapaces de volver a saborear en toda su divinidad pues la mente está demasiado ocupada buscando “nuevas” experiencias.

En un retiro, no buscamos la forma de matar el tiempo, sino que nos volvemos aliados de él, porque no se trata de ver qué hago sino de ver qué está pasando, tanto fuera como dentro de mí. En un retiro, dejamos que emerjan emociones de nuestro interior que nos pueden ayudar a resolver situaciones de nuestra vida, y, con un poco de coraje, observamos por qué reaccionamos con furia, dolor, rabia, o soberbia ante otras situaciones (sin echarle la culpa a otros).

Desde mi retiro, puedo permitirme vivir un tiempo de reflexión, de calma, de comprensión, pudiendo observar mis propios miedos, angustias y demás emociones que empañan la pureza de quién soy y trabajar en ellas para poder emerger de ese retiro como un ser más completo, bondadoso y feliz. Recordemos que todo lo que pasa en mi interior no deja de ser un reflejo de lo que pasa a mi alrededor y que, desde mi retiro, la forma de contribuir a las circunstancias del exterior pasa por el trabajo dentro de mí. Es lo único que puedo y debo hacer. Una vez afuera, ya estaremos expuestos a otras circunstancias que nos marcarán el camino a seguir en cada momento. De forma que no deberíamos tomarnos un retiro como un tiempo de confinamiento carcelario en el que a todas horas tengo que inventarme algo para sentirme vivo. Somos seres humanos que, al contrario que un animal, tenemos la capacidad de vivir las situaciones desde diversos puntos de vista. Un retiro nos muestra la verdadera esencia de la vida y de cada uno de nosotros, si solo nos dejamos llevar y, en vez de continuar entreteniendo a la mente, empezamos a escuchar lo que está latiendo en nuestro interior.

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Los 7 Cuerpos Sutiles y el Aura

Se denomina aura al conjunto de cuerpos energéticos que coexisten con el cuerpo físico en el mismo espacio y lo rodean. En general se habla de siete cuerpos sutiles o energéticos de alta vibración que recubren y cohabitan el cuerpo físico:

  • Etérico
  • Emocional
  • Mental
  • Astral
  • Patrón etéreo
  • Celestial
  • Causal

Cada uno de estos cuerpos energéticos posee su propia banda de frecuencias. El cuerpo etérico, que es el más cercano al cuerpo físico, vibra con el rango de frecuencia más bajo. Los cuerpos superiores poseen bandas de frecuencias cada vez mayores.

El cuerpo etérico

El cuerpo etérico posee aproximadamente la misma extensión y forma que el cuerpo físico. Por lo que también se le denomina doble etérico. Contiene la energía vital de los órganos, tejidos, glándulas y meridianos de acupuntura. Este cuerpo vitaliza y sustenta al cuerpo físico hasta la muerte. Se forma en cada reencarnación y se disuelve de tres a cinco días después de la muerte física.

Recibe energía a través de los chakras del plexo solar y del bazo. Acumula estas energías y las conduce al cuerpo físico de manera ininterrumpida, para mantener el equilibrio a nivel celular. La energía acumulada en este cuerpo se irradia hacia fuera a través de los chakras y de los poros, formando un halo protector alrededor del cuerpo físico, que impide que los gérmenes patógenos y los contaminantes penetren en el cuerpo físico.

De ahí que se diga que una persona no puede enfermar debido a causas de origen externo. Las razones de una enfermedad radican siempre en ella misma. Los pensamientos, las emociones y una forma de vida que no esté en consonancia con las necesidades naturales del cuerpo (sobre-esfuerzo, alimentación insana, abuso de alcohol, nicotina y drogas), pueden debilitar y consumir la energía vital etérica y permitir el acceso a toda clase de elementos desestabilizadores.

Según esta línea de pensamiento, las enfermedades se manifiestan en el cuerpo etérico antes de manifestarse en el cuerpo físico, pudiendo ser detectadas y tratadas en este plano.

Relación con otros cuerpos

Los cuerpos etérico y físico reaccionan muy bien a los impulsos y comandos procedentes del cuerpo mental. A esto se deben los éxitos obtenidos en la salud utilizando técnicas mentales. Con sugestiones adecuadas se puede lograr un impacto importante en la salud.

El etérico también sirve de intermediario entre los cuerpos energéticos superiores y el cuerpo físico. Transmite al cuerpo emocional y al cuerpo mental las informaciones que se recogen a través de los sentidos corporales y simultáneamente transmite energías e informaciones desde los cuerpos superiores al cuerpo físico.

Una de las partes del etérico más interesantes y que más se han estudiado es el sistema de meridianos de la Medicina Tradicional China, uno de los pilares fundamentales en el estudio de la anatomía energética humana.

El cuerpo emocional

El cuerpo emocional, con frecuencia denominado también cuerpo astral, es el portador de nuestros sentimientos, de nuestras emociones y de las cualidades de nuestro carácter. Toda emoción se irradiará a través del cuerpo emocional. Por ejemplo, emociones como la angustia, la furia, la opresión y las preocupaciones generan en el aura figuras nebulosas oscuras. Cuanto más abre una persona su conciencia al amor, la entrega y la alegría, más claros y transparentes son los colores que irradia su aura emocional.

Los sentimientos no liberados del cuerpo emocional tienden a perpetuarse y crecer. De este modo una persona suele repetir, una y otra vez, situaciones que atraen las vibraciones emocionales de los sentimientos no liberados. La frecuencia de la ira en una persona atrae situaciones en las que ve confirmada una y otra vez su ira.

Las estructuras emocionales continúan existiendo a través de las diferentes encarnaciones siempre que no se liberen, puesto que el cuerpo emocional perdura después de la muerte física y se une en la reencarnación con los nuevos cuerpos físico y etérico. Las experiencias no liberadas almacenadas en el cuerpo emocional determinan en parte las circunstancias de la nueva vida.

El cuerpo mental

Los pensamientos e ideas, y los conocimientos racionales e intuitivos, son parte de la energía humana. Se encuentran en el cuerpo mental. Su vibración es mayor que la del cuerpo etérico y el cuerpo emocional.

Cuanto más vivos son los pensamientos y cuanto más profundos son los conocimientos intelectuales de una persona, tanto más claros e intenso son los colores que irradia su vehículo mental.

En su nivel más bajo de frecuencia, este cuerpo tiene que ver con el pensamiento racional. Estos pensamientos se relacionan mayormente con aspectos del mundo material, el bienestar personal y el abordaje racional de la solución de problemas.

En su nivel más alto de frecuencia, el cuerpo mental es un auténtico integrador que recibe e interpreta las verdades universales y las integra con el entendimiento racional. Por tanto, esto permite al ser humano ser consciente de la auténtica naturaleza de las cosas.

Los cuerpos superiores

Hasta aquí la descripción de los cuerpos relacionados con el aspecto físico de la energía humana. Los cuerpos etérico, emocional y mental son los que se expresan y se manifiestan a nivel físico. El cuerpo astral es el cuerpo enlace entre los aspectos físico y espiritual del Hombre. Los cuerpos superiores, incluyendo el astral, no enferman. Es por eso que en la práctica de la sanación se presta mayor atención al trabajo con los cuerpos inferiores relativos al mundo físico.

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Eleva el Eterno Femenino…y asi se elevara el Eterno Masculino

“En el principio estaba la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios” Juan 1:1

Todo comenzó con el sonido, con la Palabra, OM….la vibración. El Uno vibro y las ondas de la creación viajaron en todas direcciones manifestando un universo plagado de formas, sonidos y colores. La vibración, representada por el eter como parte de los cinco elementos presentes en todas las formas, continua su hegemonia como la via de conexión mas directa hacia la Divinidad. Todos los sentidos (tacto, gusto, vista, olfato) se ven empequeñecidos ante la magnificencia del sonido, esa experiencia única y abrumadora cuya mas exultante expresión es el silencio.

El sonido, como todo en este universo, ha sido creado a partir de la perfecta integración de la energía masculina y femenina. Y como todo en este planeta desde hace ya 5.000 años, permanece en un estado de desequilibrio fruto de una carga desmesurada de energía masculina (no el impoluto Eterno Masculino sino el menor, opresor y cargado de juicio concepto de patriarcado) en prejuicio de la energía femenina. Antes de que el desequilibrio tuviera lugar, el Eterno Femenino—esa energía creativa, compasiva, nutritiva y reconfortante—disfrutaba de su estado natural como fuente de sabiduría y ecuanimidad en el planeta. Tras su caída, hemos sido abocados a un estado de ignorancia, caos y confusión tan grande que solo un restablecimiento de estas energías puede recomponer.

Un renacimiento del Eterno Femenino es necesario para que esto ocurra. El Eterno Femenino se diferencia del feminismo en el hecho de que no se tiene que comparar a nada, no tiene que emular nada, incluyendo el concepto de patriarcado. El Eterno Femenino es primordial, una energía poderosa y auto suficiente con sus propias características, roles y expresiones. Un renacimiento del Eterno Femenino no es una búsqueda de ecuanimidad con el masculino ni una venganza por siglos de ostracismo. Es simplemente una reivindicación de un estado natural, del equilibrio original entre las dos energías que contribuyeron a la creación del universo y continúan contribuyendo a su mantenimiento.

Para devolver el equilibrio en estos tiempos de zozobra y confusión, la solución natural no es otra sino la vuelta al origen. Y el origen no es otro que el sonido, la vibración. Es en esa conexión con el sonido original donde somos capaces de restablecer nuestra claridad mental, intuición, paz interior y felicidad. Y donde podemos acceder a esta vibración? En el centro del pecho, en el Corazón sutil. Es ahí y solo ahí donde entendemos que somos en realidad pues ahí reside la esencia del Ser. Habitualmente podemos conectarnos a esta esencia a través del recogimiento, la meditación, la oración y otras técnicas. Sin embargo, en este momento de la historia, creo humildemente que la forma mas directa y poderosa de comunicación es el canto espiritual. El canto de los innumerables nombres del Divino ya que en esos nombres se mezclan sin distinción alguna el masculino y el femenino. Concentrándonos en esta simple pero increíblemente potente herramienta, invocando su fuerza universal, y proyectándola a través de la vibración en nuestro Corazón logramos, sin duda alguna, que los dos Eternos vuelvan a su lugar en el plan original de la creación.

La tradición ancestral de reunirse en círculos nos ofrece un escenario perfecto para este tipo de comunión.  Un Circulo de Canto en una atmósfera de respeto, ecuanimidad y conciencia espiritual nos ofrece una experiencia regeneradora y curativa que eleva la conciencia no solo de los participantes sino en todo el planeta ya que la vibración no entiende de barreras. Esta es una forma especial de sanación de todas esas heridas que llevamos curando desde hace muchos años y de elevar la frecuencia de lo que Jung etiqueto como el inconsciente colectivo.

Ayudamos a la gente a crear Círculos donde el canto brilla como elemento principal pero en los que no falta la conversación honesta, mensajes poderosos que aparecen por sorpresa, y un sentido de camaradería que se ha ido perdiendo en el viaje sin retorno de la comunicación virtual. En los Círculos de Canto no existe la comunicación desde el ego, los consejos personales, las diferencias basadas en la información acumulada en el cerebro. Aquí todos le hablamos al Circulo y todos bebemos de la sabiduría que emana del mismo. El Circulo es un intercambio de la Verdad universal canalizada a través de sus integrantes, es una celebración de comunidad que es a la vez estimulante y profunda, es una experiencia tranquila de la alegría de la vida.

Unete a un circulo o crea uno. Nosotros te ayudamos si quieres. Veras que crearas un impacto inmediato tanto en ti como a tu alrededor y tu vida se llenara de energía positiva y felicidad. En palabras de Margaret Mead:

Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos concienciados pueda cambiar el mundo. De hecho, eso es lo único que lo ha logrado”.